Pues si, parece que realmente se ha acabado el festival, basta con mirar los post que hemos ido escribiendo estos últimos días para darse cuenta de que hay un cierto aire de melancolía. Como que nos estamos despidiendo de algo, así, continuamente, a lo largo de un tiempo indefinido.

Es como cuando éramos pequeños y jugábamos con nuestros amigos a ver quién era capaz de pronunciar una sílaba durante más tiempo hasta quedarnos completamente rojos y sin aliento. Es como una curva que se extiende hacia en infinito, ese al que nunca se llega. Como la cola de la campana de Gauss.
Y es que el Festival ha sido el punto cumbre a toda la actividad desarrollada en JetLag Bio durante estos últimos cuatro meses. El cenit representado en la campana de Gauss. Y ahora queda el descenso. Ese descenso al que hacíamos mención, ese enorme tobogán que nos lleva al infinito.......
Pero tenemos la oportunidad de, en vez de utilizar la cúspide de la campana como tobogán para descender a vete tú a saber dónde; utilizarla como trampolín. Utilizarla como trampolín en un primer lugar para evitar esa infinita y lánguida curva cuesta abajo, y en segundo lugar para que nos sirva como impulso y motivación para la edición de año que viene.